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Legados Culturales

Así era la vida en escuela de Pitágoras
  • 9 octubre, 2015

La escuela de Pitágoras constituye el gran modelo de una enseñanza filosófica holística, que lo mismo instruye a la mente que al alma o al cuerpo y que responde a preocupaciones que van más allá de las banalidades mundanas; un lugar único en la historia donde alumnos podían iniciarse en los misterios de la armonía universal, pero solamente una vez que demostraban su convicción y compromiso total

Como ocurre con todo gran personaje, la vida de Pitágoras está envuelta en una neblina mística que viene de la veneración de sus discípulos y posiblemente de la confusión que resulta de tomar literalmente algunos aspectos metafóricos y simbólicos de sus enseñanzas. Se dice que Pitágoras era hijo de Apolo –o que era algún tipo de manifestación avatárica del dios solar de la medicina y la música–, también se menciona que tenía un muslo de oro y que podía escuchar la música de las esferas –algo que quizás debamos entender como una forma de referirse a su aguda percepción espiritual, capaz de penetrar el velo de la materia y acceder a los mundos sutiles. Además se le atribuyen diferentes poderes extrasensoriales como predecir terremotos, subyugar a los animales con la mirada, recordar sus vidas pasadas o poder contar cualquier serie de objetos de manera exacta con sólo verlos (por ejemplo, todos los peces que había en una red). De cualquier forma, más allá de que cierta corriente histórica lo ha endiosado, no podemos dudar de su grandeza intelectual. Como señala Bertrand Russell, a él le debemos nada menos que “las matemáticas puras… todo el concepto de que existe un mundo eterno que no es revelado a los sentido sino al intelecto”. También fue Pitágoras quien acuñó el término filosofía y fue el primero en fundar una escuela para el aprendizaje de la filosofía. Esto último es lo que nos interesa aquí, puesto que el valor, la visión y la misión de esta escuela es un hito fundamental en la historia del pensamiento occidental. Un momento que habría que intentar trasladar a nuestra época en la que se ha perdido la enseñanza (el espíritu) fundamental de la filosofía. Esto es, la filosofía como una forma de vida, que más allá de producir un discurso lógico convincente (retórica, sofística), buscaba encarnar la verdad en todos sus aspectos, sin separación alguna entre la teoría y la práctica, ni entre la religión y la ciencia, ni entre lo divino y lo humano, puesto que la separación es ilusoria y la verdad es siempre unitaria.

Estampa conmemorativa de la celebración de los 2500 años de las Escuela de Pitágoras en Samos.

Estampa conmemorativa de la celebración de los 2500 años de las Escuela de Pitágoras en Samos.

El 20 de agosto de 1955 se celebraron en Samos, Grecia, 2 mil 500 años de la escuela de filosofía que fundara este filósofo.
Ese día se llevó a cabo un congreso pitagórico multinacional en la tierra que vio nacer a Pitágoras.
Este año hace unos días se habrían celebrado 2 mil 550 años de este acontecimiento seminal en la historia de la filosofía, que lamentablemente ha sido olvidado y que no parece sobrevivir en la forma en la que nuestras universidades enseñan.
Ya desde la Grecia antigua, los pitagóricos eran vistos por el grueso de la población y por el poder político como una secta extraña, cuyas prácticas ascéticas –especialmente su renuncia a la riqueza individual– eran consideradas subversivas.
Ante el triunfo del capitalismo y el materialismo, era de esperarse que la visión pitagórica de una fraternidad universal no haya predominado salvo entre pequeños grupos de iniciados y entusiastas que han entendido, siguiendo a Platón (el pitagórico más ilustre), que la filosofía debe de transformar al individuo que se entrega a ella y que han abrazado a las matemáticas, la música y la astronomía como senderos de iniciación en los misterios y de contemplación del orden universal. Hacemos aquí un intento de rescatar, en términos generales, el método pitagórico e introducir al lector a la filosofía del sabio de Samos. Consideramos que la obra sobre Pitágoras de Thomas Stanley es la mejor fuente para este acercamiento, puesto que es una summa de todos los cronistas de la antigüedad, reunida bajo el criterio erudito de Stanley, el filósofo británico que siendo sólo un adolescente ya se había graduado de Oxford y Cambridge y cuya Historia de la Filosofía es una excelente introducción a la filosofía antigua, sin el filtro revisionista-positivista que caracteriza a muchos académicos posteriores.

 

 

La disciplina del silencio

De entre todas las exigencias que se hacían a los candidatos a la escuela de Pitágoras, la más famosa es el precepto que requería que se pasaran 5 años en silencio antes de ser admitidos. Dice Thomas Stanley que los 5 años de silencio eran una prueba de conducta por la cual “el alma podía convertirse en ella misma lejos de las cosas externas, de las pasiones irracionales del cuerpo para asumir su propia vida que es la vida eterna”. Sobre esta disciplina del silencio, Clemente de Alejandría explica que “al abstraerse del mundo sensible, el discípulo podía buscar a Dios con una mente pura”. Luciano agrega sobre este método que tenía la virtud de producir la reminiscencia. Lo que parece razonable, ya que el silencio parece hacernos olvidar nuestros pensamientos superficiales, para abandonarnos en la profundidad de la mente, accediendo tal vez a capas transpersonales; siguiendo la máxima platónica del conocimiento como recuerdo, podemos decir que el silencio es una ciencia de la reminiscencia, una remini-ciencia.

Stanley precisa que no todos los alumnos eran sometidos a 5 años de silencio, al parecer Pitágoras personalizaba su instrucción y algunos de espíritu naturalmente más tranquilo no tenían que pasar el lustro (a veces 2 años eran suficientes). Una vez que los pupilos cruzaban este umbral de silencio, se les llamaba Mathematici, antes eran Acoustici. “Si no has sido cambiado, estás muerto para mí”, era el lema que se aplicaba a aquellos que no lograban superar el período de prueba.

Una vez aceptados, los alumnos podían ver ya al maestro (que antes hablaba a través de una pantalla, como si los alumnos estuvieran todavía dentro de la cueva a la que hace referencia Platón) e iniciaban su instrucción filosófica, cuyo fundamento era la geometría y la aritmética (no es baladí que luego Platón escribiera en la puerta de su Academia que nadie que no supiera geometría podía entrar). Uno de los versos atribuidos a Pitágoras dice: “Habiendo partido de casa, no vuelvas atrás, porque las furias serán tu compañía”, una referencia a que una vez iniciado el camino esotérico no hay retorno; el poder de la conciencia y la sabiduría es una responsabilidad, un servicio, una entrega total, una obediencia a las leyes universales cuya desobediencia es duramente penalizada. Por esto el riguroso “casting” que hacía Pitágoras y que las religiones mistéricas tradicionalmente han aplicado. Los alumnos, bajo esta misma lógica, debían guardar un voto de secrecía, como ocurría también en Eleusis,

Los pitagóricos no se alzaban de la cama hasta que habían llamado a su mente las acciones del día anterior. Igualmente antes de dormir meditaban sobre sus acciones del día y se prohibía dormirse sin haber recapitulado. Esto era parte de un constante ejercicio de la memoria, una rendición de cuentas del pasado y un cuidado providencial del futuro. El alumno debía repasar lo que había aprendido en el día, meditar sobre en qué había fallado y suscitar piedad y compasión con todos los seres. Esta misma meditación existe en el taoísmo o en el rosacrucianismo, en donde se considera una preparación –una especie de expiación– para la muerte. Una vez realizada su meditación matutina, llevaban a cabo una caminata solitaria en la naturaleza, también con el fin de purificarse y sólo después de esto podían integrarse a la comunidad.

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Un punto en un círculo era un símbolo de dios o de la mónada para los pitágoricos
Matemáticas y la filosofía del número

La importancia toral de las matemáticas tenía que ver no sólo con que acercaban al alumno a una verdad abstracta sino que, como dice Stanley, transformaban la mente, que se beneficiaba “de contemplar incorpóreas cosas eternas”. Aquí vemos otra herencia órfica-pitagórica en el pensamiento platónico que llamaba también a concentrarse en aquello inmutable, en dirigir la mente a la contemplación de las Formas y Arquetipos. La idea gnóstica también de que aquel que conoce se convierte en aquello que conoce. Así el alma se separa del cuerpo perecedero y viaja hacia su inmortalidad en la dimensión de lo inteligible.

Pitágoras llamó a su disciplina de abstracción de lo inteligible matemáticas, nos dice Stanley, considerando que toda disciplina mental era reminiscencia y que esta ciencia era provocada directamente por los fenómenos, y no por una opinión, es decir, las matemáticas existían en el mundo y eran intrínsecamente aprehendidas en su perfección.

Enseñan los pitagóricos que el número es la raíz de las cosas divinas, aquello que existe antes que cualquier otra cosa en la mente divina, y de lo cual proceden todas las cosas que son digeridas en el orden (cosmos) y permanecen numeradas por una serie indisoluble. “El universo puede verse como la progresión de la multitud empezando en la Mónada y como una regresión terminando en la Mónada”, dice Stanley. La Mónada (la unidad) es “estación y mansión… siempre en la misma condición… la mente, dios, lo hermafrodita, el bien”.

La monadología pitagórica considera que la unidad se mantenía en todas las cosas, era principio y causa de todas las cosas; a la unidad regresan todas las cosas. Esta reintegración en el uno o en dios, ocurre a través del 10, la década o el tetraktys. El 10 es “el número del cielo, Atlas, el absoluto, el destino… la naturaleza del número al cual todas las cosas tienden y arriban”… y al arribar regresan a la mónada. Cada número tiene su propia identidad y entre todos ellos son parte de la constelación de los diferentes principios del cosmos, la procesión o del desfile de la unidad en la multiplicidad. El 2, la diada, es el número que comete “la audacia” de separarse, es la raíz de toda ilusión, y se decía que cada vez que se mencionaba el 2, los pitágoricos escupían al suelo, reprobando la ilusión de la fragmentación. El 4 es el fundamento de la estrutura; el 5 el equilibrio; el 7 el número de la vida y la ley; el 8 el amor y el alma, etcétera.

>> leer Articulo completo en www.pijamasurf.com

Twitter del autor: @alepholo

Recuperando la tradición pitágorica-platónica: Cadena Áurea de Filosofía

ANTIGUOS EXTRATERRESTRES Y EL PADRE CRESPI
  • 17 abril, 2015

PLANTILLA
Él fue un sacerdote salesiano misionero que vivió en la pequeña ciudad de Cuenca, Ecuador, durante más de 50 años, dedicando su vida al culto y a las obras de caridad.

El sacerdote era una persona de muchos talentos: era un educador, un botánico, un antropólogo, músico, incluso también un gran humanista.

En 1927, su vocación misionera le llevó a vivir al lado de los indígenas ecuatorianos, haciéndose cargo de los indígenas, y consiguiendo el respeto de la tribu Jíbaro, que comenzó a considerarlo como un verdadero amigo.

padre crespi

Padre Carlo Crespi al lado de una planchas de oro donada a él por los indígenas del ecuador.

Padre Carlo Crespi al lado de una planchas de oro donada a él por los indígenas del ecuador.
Como muestra de gratitud, durante las décadas que el Padre Crespi estuvo con ellos, los indígenas le donaron cientos de piezas arqueológicas que datan de un tiempo desconocido explicando que eran objetos que encontraron en un túnel subterráneo que hallaron en la selva de Ecuador. Muchos de ellos eran de oro, talladas con jeroglíficos de un idioma desconocido y todavía nadie ha podido descifrarlo.

Los objetos habían sido recuperados por los indios en una cueva muy profunda, conocido como la Cueva de los Tayos, ubicado en la región amazónica conocida como Morona Santiago. La cueva, que se encuentra a unos 800 metros sobre el nivel del mar, fue llamado debido a las características aves Tayos que son casi ciegos y que viven en sus profundidades.

Siendo un hombre de cultura, el Padre Crespi pronto se dio cuenta de que los extraordinarios artefactos mostraban similitudes preocupantes con la iconografía de las antiguas civilizaciones mesopotámicas, lo que sugería algún tipo de conexión entre culturas que se desarrollaron en lados opuestos del planeta.

ecuador mesopotamia

Representación Sumeria de un ser hombre-pájaro (un símbolo asociado con los Annunaki). Izquierda: figurilla de la colección del padre Crespi. Derecha: La misma figura pero de la cultura Sumeria (Iraq).

Representación Sumeria de un ser hombre-pájaro (un símbolo asociado con los Annunaki). Izquierda: figurilla de la colección del padre Crespi. Derecha: La misma figura pero de la cultura Sumeria (Iraq).
El Padre Crespi estaba convencido de que las laminas y las planchas de oro donados a él, y que él estudió, indican claramente que el antiguo mundo de Oriente Medio antes de la gran inundación estaba en contacto con civilizaciones que se habían desarrollado en el Nuevo Mundo, ya presente en América desde hace sesenta mil años.

Según el Padre Crespi, los jeroglíficos arcaicos que habían sido grabados, o tal vez prensados con moldes, no eran otros que la lengua materna de la humanidad, la lengua que se hablaba antes del Diluvio. En su ingenuidad de un hombre de fe y cultura, el religioso no se dio cuenta de que sus ideas ponían seriamente en cuestión las teorías establecidas por la arqueología convencional (la oficial).

Ya que los artefactos donados habían formado una colección muy grande de objetos, en 1960 Crespi solicitó y obtuvo el permiso del Vaticano para crear un museo en la misión salesiana de Cuenca.

Para Cuenca fue el museo más grande que jamás se haya creado en el Ecuador, por lo menos hasta 1962, cuando un misterioso incendio destruyó por completo la estructura, y la mayoría de los hallazgos se perdieron para siempre. Sin embargo, Crespi parece haber sido capaz de salvar algunas piezas que se escondieron en un lugar que sólo él conocía.

En 1969, Juan Moricz, investigador húngaro naturalizado argentino, exploró a fondo la cueva, encontrando muchas láminas de oro que reporto tenían incisiones arcaicas como jeroglíficos, estatuas antiguas de estilo del Oriente Medio, y muchos otros objetos de oro, plata y bronce: cetros, cascos, discos, placas. Crespi indico a Moricz cómo entrar en la cueva y cómo hallar el camino correcto en el insondable laberinto situado en sus profundidades.

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Puerta de entrada construida con piedras ciclópeas.

Puerta de entrada construida con piedras ciclópeas.
En 1972, fue Erik Von Daniken escritor sueco el que difundió la noticia del descubrimiento del investigador húngaro. Cuando la noticia del extraño descubrimiento de Moricz se extendió por todo el mundo, muchos eruditos decidieron explorar la cueva con expediciones privadas.

Uno de las primeras y más audaces expediciones que se llevó a cabo en 1976 fue realizada por el investigador escocés Stanley Hall en la que participaron el astronauta estadounidense Neil Armstrong, el primer hombre en pisar la Luna, el 21 de julio de 1969. Se dice que el astronauta informó que en los tres días que permaneció en el interior de la cueva eran incluso más significativo que su legendario viaje a la Luna.

A finales de los años 70, Gabriele D’Annunzio Baraldi visitó por un largo tiempo Cuenca, donde se reunió tanto con Carlo Crespi y Juan Moricz. En esa ocasión, Carlo Crespi confió al italo-brasileño que la Cueva de los Tayos era insondable y que los miles de ramificaciones subterráneas no eran naturales, sino más bien hecho por el hombre en el pasado.

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Gabriele D’Annunzio Baraldi con el padre Carlo Crespi

Gabriele D’Annunzio Baraldi con el padre Carlo Crespi
Según Crespi la mayoría de los hallazgos que los nativos le entregaron provenia de una gran pirámide subterránea, ubicada en un lugar secreto. El religioso italiano confeso entonces a Baraldi que, por temor a futuros saqueos, ordenó a los nativos que cubrieran de tierra la totalidad de la pirámide, de modo que nadie pudiera encontrarlo.

Baraldi se dio cuenta de que en muchas placas y láminas de oro fueron recurrentes diversos signos: el sol, la pirámide, la serpiente, el elefante. En particular, la placa donde una pirámide fue grabada con un sol en su cumbre fue interpretado por Baraldi como una masiva erupción volcánica que ocurrió en el pasado distante.

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Pirámides con inscripciones en dos diferentes piezas de la colección del Padre Crespi. Ten en cuenta la similitud con la forma y el simbolismo egipcio, el sol se representa en la parte superior de la pirámide, actualmente asociada con el enigma del Ojo que Todo lo Ve

Pirámides con inscripciones en dos diferentes piezas de la colección del Padre Crespi. Ten en cuenta la similitud con la forma y el simbolismo egipcio, el sol se representa en la parte superior de la pirámide, actualmente asociada con el enigma del Ojo que Todo lo Ve
Cuando Carlo Crespi murió en abril de 1982, su fantasmagórica colección de arte antediluviano fue sellada para siempre, y nadie podía admirarlo. Hay muchos rumores sobre el destino de los preciosos artefactos recogidos pacientemente por el religioso de Milán. Algunos fueron simplemente enviados en secreto a Roma, y ocultados en alguna bóveda del Vaticano.

Figura tallada

Figura tallada de un sacerdote vistiendo una túnica ceremonial. ¿Reconoces el gorro?

Figura tallada de un sacerdote vistiendo una túnica ceremonial. ¿Reconoces el gorro?
Muchos arqueólogos convencionales han acusado al Padre Crespi de ser un impostor o simplemente un visionario, que hizo pasar planchas de oro como genuinos y los cuales eran simplemente falsificaciones o copias de los artefactos de Oriente Medio. Pero a pesar de las acusaciones de la arqueológica convencional permanece las fotografías y numerosos testimonios de muchos estudiosos que demuestran su veracidad.

La impresión que se tiene al leer esta historia es que alguien quería ocultar las fantásticas piezas arqueológicas recogidos y estudiados por el religioso de Milán. ¿Pero por qué? Porque querer ocultar los paralelismos entre las culturas precolombinas de Mesopotamia y aquellos, que son claramente evidentes.

¿Por qué los arqueólogos victorianos creían en la pacífica existencia de una cultura madre antes de que ella hubiera generado culturas hijas con el mismo sistema iconográfico, simbólico y religioso? ¿Y porque hoy los arqueólogos convencionales se oponen ferozmente a esta hipótesis negando esta posibilidad a toda costa? ¿Qué valor tendría el saber que la humanidad desciende de una sola civilización global avanzada antediluviano?

 

Fuente: Mundos Paralelos

Enigma de Paititi
  • 14 agosto, 2013

Civilizaciones Perdidas – Enigma de Paititi

AQUELLAS SELVAS DEL ENMARAÑADO ANTISUYO INCAICO QUEDARÁN EN MI MEMORIA PARA SIEMPRE. FUE ALLÍ DONDE CONOCÍ A UNO DE LOS HABITANTES DEL REINO SUBTERRÁNEO. ESA EXPERIENCIA CALÓ HONDO EN MI CORAZÓN Y DESDE ENTONCES TODOS MIS ESFUERZOS HAN SIDO CANALIZADOS HACIA LA INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN DE LOS INTRATERRESTRES. MI INTENCIÓN ES ACERCAR SU MENSAJE A UN PÚBLICO QUE ESTÁ EMPEZANDO A DESPERTAR DE SU LETARGO. QUE INTUYE QUE HAY “ALGO MÁS” QUE NO LE HAN CONTADO Y QUE FORMA PARTE DE SU PROPIA ESTANCIA EN LA TIERRA. LA EXISTENCIA DE ESOS SERES PONE EN RELIEVE UNA CADENA DE ENIGMAS QUE NOS INVOLUCRA DESDE EL ORIGEN DE LOS TIEMPOS. EN OTRAS PALABRAS, LA HISTORIA REAL DEL HOMBRE EN LA TIERRRA Y SU MISIÓN DENTRO DEL ORDEN DE UN “PLAN CÓSMICO”.

En 1996 llevé a cabo mi primera expedición a Paititi. Confieso que el objetivo de ese viaje no lindaba con la investigación de los misterios incas, y mucho menos rastrear el paradero del Disco Solar. Había sido “invitado” por un ser que parecía estar construido de luz y que se había materializado en mi dormitorio ante mi asombro. Fue una noche de mayo de 1995, en la casa de mis padres, en Orrantia del Mar (Lima). Aquella figura luminosa, tan radiante que no podía ver el rostro de la “aparición”, se presentó con el nombre de Alcir, un enviado del Paititi que se hallaba proyectado “holográficamente” desde una instalación subterránea en las selvas del Manú.

En su breve mensaje me dijo que Paititi en realidad era una vieja instalación subterránea, y que nos conoceríamos en las selvas del Manú como parte de un contacto programado.

Qué decir de todo esto…

Luego de esa experiencia, una cadena de hechos extraordinarios y sincronicidades me llevaron a formar parte de una expedición a la selva, conformada por seis personas de Perú y el Uruguay. Fue un viaje mágico, pero largo e intenso: más de 45 días de expedición. Empezamos en Tiahuanaco y el lago Titicaca, luego nos dirigimos a la comunidad de los indios Q’ eros en las alturas de Paucartambo en Cusco ―con caminatas a más de 5.000 metros sobre el nivel del mar y las pesadas mochilas a las espaldas― para luego descender a la selva de Madre de Dios, camino al Río Sinkibenia, que se piensa es la ruta que lleva a Paititi. Todo esto lo detallo en mi primer libro “Los Maestros del Paititi”.

Para quienes no estén familiarizados con el enigma que encierra esa ciudad perdida en la selva peruana, comparto aquí un resumen con sus principales e incómodas anomalías.

Art. de Ricardo González
>> Continuar lectura en su web Legado Cosmico

Polentini Sacerdote Argentino Denuncia vaciamiento del Paititi por parte de Fujimori

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