fbpx
Category Archive

sabiduria femenina

SANACION DE NUESTRO LINAJE FEMENINO
  • 8 noviembre, 2017

LAS MUJERES DE MI CASA, SANACIÓN DE NUESTRO LINAJE FEMENINO

“La salud de la mujer es el terreno sobre el que crece toda la humanidad.
Mejorar la salud de una mujer fertiliza y aprovisiona el terreno para todos, hombres, mujeres, niños, animales, plantas y el propio planeta.  El vínculo madre- hija, en toda su belleza, dolor y complejidad, forma el cimiento mismo del estado de salud de una mujer.
Esta relación primordial deja su huella en todas y cada una de nuestras células para toda la vida

mujeres
Las mujeres, como los hombres, nos creamos en el útero de nuestra madre.
Bebemos sus emociones, sentimos todo aquello que acontece en su cuerpo, mente y espíritu.
Es nuestro universo durante nueve lunas y constituye nuestra esencial referencia de la vida humana.
En el caso de las mujeres, nuestros úteros son creados en el útero de nuestra madre y en él se imprimirán sus emociones básicas acerca de la feminidad. Así, en su útero, se albergan también aquellas de nuestra abuela y, si seguimos esta espiral, caeremos en la cuenta de que en este útero de creación y recreación, nuestro Templo Sagrado (útero), está construido sobre los pilares de todas las mujeres de nuestro linaje matrilineal.

El legado

El legado de todas estas mujeres hasta nosotras (o hasta nuestras hijas) está impreso en nuestro cuerpo, en concreto en nuestros genitales, nuestros órganos sexuales, nuestros senos y nuestro abdomen.
Tener conciencia de esto nos ayuda a entender el porqué de tantos dolores “inexplicables”, de tanta ira contenida y de tantas lágrimas sordas anudadas en nuestra garganta.

Las mujeres de nuestra casa sufrieron miles de abusos, desde la imagen de pecadora que tuvieron que aceptar “gracias a” la Iglesia Católica hasta la reclusión “recomendada” en los fogones.
Nuestras ancestras fueron niñas, fueron mujeres, fueron hijas, fueron madres como hoy lo somos nosotras. Sus miedos y sus contentos eran similares a los nuestros.
Ellas tuvieron sus sueños cumplidos y sus sueños frustrados.
Fueron algo más que cuidadoras, aunque ahora apenas lo recordemos.
Tuvieron inquietudes y necesidades de brillar como las que hoy sólo confesamos ante el espejo o una mano amiga.

Una mujer a la que podía admirar.

Leyendo el libro de Madres e Hijas de la Dra. Northrup pude poner palabras a lo que tantas veces había sentido hacía mi madre y hacia mi abuela. Esa necesidad de verlas como mujeres, sin el lazo específico de la sangre familiar sino con el lazo universal que nos une a las mujeres en manada.
Llorando encontré que en el seno de mi madre residía una mujer llena de poder.
Una mujer a la que podía admirar.
El reflejo de la Diosa, que tantas veces ilustré con dibujos prestados, estaba ahí y era real.
Todos estos años la buscaba y hasta que no bajé la espada del reproche y abracé nuestras sombras no pude ver el verdadero rostro de la mujer en la que me crié y acuné.

Ancestras.

Mi madre también es hija, como lo es mi abuela y todas mis ancestras.
Todas tenemos en común nuestra Fuente de Origen y sólo cuando pude llegar hasta ella entendí los misterios más inciertos y oscuros de mi. Comprendí que muchos no eran míos, supe que tantos otros no eran de mi madre y así fui deshilando la manta de los recuerdos, hasta llegar a Ellas.
Las mujeres del pasado se manifiestan en nosotras a través de los pálpitos de nuestro útero.

Esta Sagrada Vasija contiene las aguas de todas las emociones, suyas y nuestras. Hemos de sentirla sin miedo para poder elegir qué es lo que queremos quedarnos y qué queremos desechar.
Ellas nos acompañan desde la luz si así se lo pedimos.
Simplemente hemos de nombrarlas con solemnidad, con el corazón y los brazos abiertos pidiendo su presencia y ayuda.

Reconociendo el linaje

Reconociendo el linaje de sangre lunar. Os invito a invocarlas. Así lo hago yo desde las profundidades de mi Ser:
En este caminar soy Erika, hija de Ana Rosa, hija de Lucila, hija de Eleuteria, hija de Pascuala, hija y nieta de las mujeres valientes que me precedieron.
A vosotras, abuelas, os invoco desde el Amor, buscando la Sabiduría que reside en vuestro legado.
Con estas palabras reconozco su labor aún perenne en esta Tierra, pues ellas viven en mi sangre.
Porque decido honrarlas, las nombro. Porque decido liberarme de aquello que no quiero, las nombro.
Ellas son la fuerza que impulsa cada una de mis acciones y la Savia de mi cuerpo.
De todas y cada una, una sonrisa y cientos de lágrimas recorriendo mi cara y  el regazo acogedor.
De cada una de las mujeres de mi casa llevo la luz y la sombra.
Son cientos y a todas ellas muestro mi veneración, porque del linaje de mis mujeres vine a este cuerpo, a esta familia en concreto.
Como hija y nieta de tantas, decido caminar hacia las profundidades de sus úteros para encontrar el origen de la angustia y ponerle fin.

Siento que no estamos completas hasta el día en que tomamos aire y nos aventuramos a bucear en las profundidades de nuestro linaje femenino.
El momento en el que nos reconocemos únicas es el momento en el que honramos aquello de lo que formamos parte.
Sólo cuando pude sentirme cómoda y reconfortada en los brazos de mi madre, pude dar el paso hacia mi propio universo. Hasta entonces había sido una niña perdida, buscando la aprobación de una mujer que no sabía si amar u odiar. Fuera como fuera nunca tuve elección, sabía que hiciera lo que hiciera, siempre la amaría. Pese a todo lo que me dolía reconocerlo, era cierto.
Mi universo fue esa mujer y como nuestra Madre Tierra, por mucho que trates de ignorarla ella siempre te sostiene. Quizás no es como esperas, pero Ella es el mundo que necesitas para aprender lo que has de aprender. Cuando comienzas a amar tus tifones, cuando entiendes tus cataratas, llegas a encontrarla hermosa. La miras y te reconoces en ella.
Entonces sabes que sois Una, tal y como fuisteis hace años.

El Laberinto Mágico

Hemos de aventurarnos a recorrer este laberinto mágico que nos conduce a la Fuente.
Nuestro primer pasadizo es nuestro cuerpo y de ahí se abren las puertas hacia las mujeres de nuestra casa. Pasamos a través de nuestro útero al útero materno y de allí al útero de nuestras ancestras.
De una a otra tomamos conciencia de quiénes somos en realidad.
Cada una descubrimos nuestros misterios y os aseguro, hermanas, que todos son bellos, sea cual sea su forma.
Para avanzar, no sólo hemos de comprender, sino también honrar nuestro origen.
Gracias a Ellas palpitamos. Sólo Nosotras podemos elegir cómo.

 

Erika Irusta Rodríguez
Mujer, hija, doula, pedagoga especializada en energía femenina y sanación de Lo Sagrado Femenino
http://www.elcaminorubi.com

CIRCULO DE MUJERES ¿QUÉ SON?
  • 25 septiembre, 2017
  • 4 Comments

Encuentros que  conectan con las características sanadoras de la energía Femenina

Es un encuentro de mujeres de todas las edades, el único requisito es la participación respetuosa y comprometida.
En estos encuentros tradicionalmente potenciamos las características sanadoras de la energía femenina, activándola desde el trabajo personal, propagándola y elevándola con el trabajo grupal.
Expandiéndola a través de la sincronización lunar con el resto de los círculos manifestados en la Actual fase lunar alrededor del todo el planeta.

Circulos

Hay círculos de amigas por todas partes, cada vez que te juntas surge lo que se llama “potenciación” de nuestras cualidades y características.
Sabemos que una reunión de amigas puede sanar y aliviar heridas.También podemos estar haciendo arder en la hoguera a una hermana que no esta presente.

Las mujeres tenemos un carácter dual de creación y destrucción, ambas son excelentes aliadas siempre y cuando estemos conectadas con nuestra esencia.
Dentro del trabajo de mujeres en círculo se prioriza lograr una determinada frecuencia armónica.
Para que podamos potenciar todas nuestra energía de creación/destrucción desde un estado profundo de conexión interna, es por esto que le damos tanta importancia al trabajo con el cuerpo, la vos, el juego, a la meditación.

El respeto y el carácter ceremonial nos dan el marco que nos ayuda a trascender los límites impuestos por nuestra mente abriendo el corazón para dar y recibir en equilibrio.
Transitando experiencias físicas, espirituales y mentales generamos juntas frecuencias de sanación y anclaje de energías de luz.

Todo esto de se da en un ambiente de trabajo personal y grupal haciendo uso de conocimientos terapéuticos y artísticos contemporáneos.
Siempre integrados con actos ceremoniales y rituales de nuestras antepasadas de todo el mundo, sincronizando nuestros encuentros a través de la luna potenciamos nuestro trabajo con el trabajo de todas las mujeres reunidas en circulo alrededor del planeta.

Cada circulo funciona como canal de la Gran Diosa, a través de estos canales envía ayuda y energía a la Pachamama…

Para dar una Idea:

Comenzamos moviéndonos, tomando conciencia del chackra raíz, danzamos.
Exploramos nuestra expresión creativa a través de la danza individual y grupal, no hacen falta conocimientos previos.
Solo necesitas entregarte a jugar con la música, cada consigna se adapta a las posibilidades físicas de cada participante.
De a poco vamos llegando de a poco a la quietud, hasta llegar al piso donde, bien cómodas, nos relajamos por completo y llevamos adelante una visualización guiada.
Que es destinada a bajar las diosas y escuchar con el corazón sus mensajes.

Luego de la meditación nos reunimos en círculo, completamente conectadas todas con nuestro eje interno. De esta forma se abre el circulo de palabra donde comenzamos a conocernos y a compartir, manifestamos desde la improvisación musical y el canto la frecuencia de conexión lograda.
Nos reímos mucho, agradecemos y conocemos algo de las tradiciones femeninas.

Después cerramos el círculo y comemos comida sana y nutritiva y nos entregamos a charlar de lo que va surgiendo.

Esta es solo una de las tantas formas que puede tomar un círculo, hay algunos que priorizan la celebracion y el festejos.
Otros que priorizan el trabajo personal y grupal, otros la expresión a través del arte.

Algunos son gratuitos convocados y dirigidos por todas, otros son convocados y coordinados por un grupo y/o mujer particular y se solicita una colaboración sugerida, otros son netamente ceremoniales y altamente disciplinados (originarios).

Todos los círculos de mujeres tienen el mismo fin, anclar energía femenina de sanación a nuestra madre tierra, ayudar a que el proceso de purificación del planeta sea armónico y a que se restablezca el equilibrio natural entre la energía femenina y la masculina.

 

Moira Sollazzo

Terapeuta Holistica, Reikista, Gemoterapeuta
www.moirasollazzo.blogspot.com.ar

 

Los dias ordinarios
  • 14 septiembre, 2017

Si crees que la vida en familia que tienes ahora, la tendrás para siempre, tal vez debas prestar atención a los días comunes, esos que comienzan con cereal y terminan viendo películas.

sb10065747ao-001

 

Entre ellos están los días en que mis hijos jugaban con el perro, comían helado por los cachetes y se mecían en los columpios.
Tardes con manguera y lodo, que los chiquillos terminaban en mi cama, en aquellas noches de cine familiar.
Cuando mi primer retoño lloró en la puerta del kinder, pensé que siempre lloraría al separarse de mí.
Pero todo sucede por etapas y a su tiempo.
Entonces los problemas nos parecían enormes; las alergias, el partido perdido, peces y hamsters que morían uno tras otro.
Pero en general, el mundo en que vivíamos y la familia que construimos, hizo sentir que la infancia era sólida y duradera.

Lo más bello de esa etapa fue mecerlos en mi regazo oliendo a talco y a cabello recién lavado.
El beso y la bendición antes de dormir. Dejarlos en su recámara por tan poquito tiempo, por que siempre amanecían en la nuestra.
Me preocupaba que si no les leía un cuento antes de dormir, no los motivaría a leer y me entristecía si discutían por el turno del juego como si fueran a pelear por el resto de sus vidas.

Todas las etapas llegan a su fin. La pelota deja de volar por el jardín. Los juegos de mesa se llenan de polvo.
Regalas la bañera de plástico y ahora esperas horas a que salgan de la regadera.

La puerta de la recámara que siempre estuvo abierta, de pronto un día: se cierra.
Un día al cruzar la calle estiras tu brazo para alcanzar la manita que siempre estuvo ahí para agarrar la tuya y tu chico de trece años camina un par de pasos atrás, pretendiendo no conocerte.
Has entrado a un nuevo territorio llamado adolescencia y no conoces el piso en donde estas parada.
El hijo que cargaste y cuidaste se ha transformado en un sujeto jorobado sobre una computadora.
Te preguntas si lo estás haciendo bien, pues ya no hay marcha atrás.
Te preguntas si podrás sobrellevar el resto del día sin discutir y acabas agotada recordando aquellos días que parecían eternos y se han esfumado.

Las advertencias y consecuencias ya no funcionan. Las charlas de sobremesa ya no existen.
Haces lo que puedes, como puedes: llenas el refrigerador, chofereas, negocias permisos, supervisas, asistes a las citas de calificaciones, dejas de asistir a los partidos e ignoras la recámara que parece haber sido bombardeada.

Te piden otra vez dinero. Tratas de no hacer muchas preguntas. Tratas de obtener todas las respuestas.
Vuelves a llenar el refrigerador. Compras pizzas. Te asomas por el balcón a ver la fiesta. Aprendes a textear con ellos.
Aprendes a rezar por ellos. Tus noches de sueño ahora son noches de alerta.
Te haces experta en leer entre líneas, en interpretar miradas, en determinar olores.

Te dice «qiubo ma» y de pronto estas de frente a una verdad que sabías desde hace tiempo y te negabas a enfrentar.
Ahora el joven no necesita, ni que le prepares leche, ni que le cierres la chaqueta: necesita tu confianza.

Te recuerdas a ti misma, que habrá que dejarlos ir y practicas el arte de vivir el presente.
Saboreas cada minuto que tienes, aquí y ahora, cenando con tu familia y diciendo buenas noches en persona.

Das el beso en la mejilla y la bendición en la frente, aunque parezca que ya no les gusta.

No podemos cambiar el crecimiento de nuestros hijos, pero podemos cambiar nuestra actitud ante ello.
En vez de decir lo que deberían corregir, piensas en lo superado y logrado por cada uno, por que en cualquier momento vas a estar abrazando a tu pequeño de 1.80 metros de estatura y lo harás de puntitas para decirle al oído que lo extrañarás mientras hace su maestría en otro continente.

El torbellino de los cajones azotados y los ganchos caídos buscando una sudadera al son de la música estridente, se han ido ya.
La casa tiene una nueva clase de silencio. El galón de leche se vuelve agrio. Por fín sobra una rebanada de pastel para tí, pero ya no tienes apetito.
Nadie te pide que lo lleves a ningún lado.

Entonces miro a mi esposo, sentado en la mesa del antecomedor, que de pronto se hizo muy grande para dos y me pregunto cómo es que todo pasó tan de prisa. Mis libreros están llenos de álbum con veinte años de fotos: piñatas, premios, partidos y navidades.
Sin embargo, los recuerdos que más deseo atesorar y los que desearía volver a vivir son los momentos que nadie pensó en fotografiar; esos ratos que pasaban a diario entre la cocina y el cuarto de tele. Desayunar cereal en pijamas y acurrucarnos a ver una película al final del día.

Me tomó mucho tiempo percatarme, pero definitivamente lo aseguro, que el más maravilloso regalo que me ha dado mi familia, el que compone mi más grande tesoro, es el regalo de esos preciosos y perfectos días ordinarios.

Extraído del Libro  en The gift of an ordinary day de Katrina Kenison

8 de Marzo | Día de la Mujer
  • 8 marzo, 2016

El día internacional de la mujer surgió a fines del siglo XIX, con un hecho simbólico pero no único producido en el marco de una huelga cuando unas trabajadoras mujeres murieron en el incendio de la fábrica Triangle Shirtwaist de Nueva York.
En la actualidad celebramos nuestros logros y aun luchamos contra la vulnerabilidad en las diferentes sociedades.

Campaña Argentina por la Equidad de Género
Material Audiovisual – Consejo Nacional de las Mujeres –

Amores de madre
  • 16 septiembre, 2015

Anna Radchenko, fotógrafa retrata a través de su lente los distintos estereotipos de madre abordando el reverso de la dulce imagen materna, cuando el vinculo transita sobre vacíos de una madre con personalidad insegura, controladora o con fantasmas de deseos incumplidos
Las palabras sobran ante esta serie de retratos de madres e hijos. 


[wds id=»5″]

Vincularnos con nuestra propia madre cuando devenimos madres
  • 17 abril, 2015

Iniciarnos en el ejercicio de la maternidad sin guías confiables es árido y desesperanzador. Las madres jóvenes esperamos nutrirnos de la comunidad de mujeres en conjunto que hoy en día está poco visible en los lugares que habitualmente frecuentamos, como el trabajo o los circuitos sociales.
Lo que antiguamente las mujeres sabias asumíamos en una determinada comunidad, hoy está delegado en los supuestos saberes médicos o psicológicos, generalmente pautados en masculino.

Las madres jóvenes necesitamos el aval de otras madres y muy especialmente de la nuestra, si tenemos la suerte de que sea una mujer madura y generosa. ¿Qué necesitamos? Confianza. Confianza para contactar con nuestro mundo interior. Aliento para buscar nuestra propia esencia y vincularnos amorosamente con el niño pequeño. Seguridad para sentir y amparar a ese ser absolutamente dependiente de cuidados maternos. Compañía para no perdernos en el cansancio y el agobio cotidianos. Generosidad para no hacernos cargo de los menesteres domésticos y estar disponibles para dedicarnos al niño. Palabras que nombren nuestras sensaciones ambivalentes de éxtasis y soledad, de pasión y locura, de amor y desesperación. Abrazos y caricias para sentirnos nutridas y amadas entre tanto llanto y tantas noches sin dormir.

Si las madres jóvenes recibimos ese torrente de amor y altruismo por parte de nuestra propia madre, las puertas de nuestro paraíso terrenal se abrirán bajo nuestros pies y la maternidad será una experiencia suave y llevadera.

Si somos mujeres maduras, contataremos que la llegada de un niño es un milagro y una bendición para todos, en la medida que sepamos que nuestras hijas y nueras necesitan nuestra protección. Ellas, no los niños. Muchas de ellas tienen bastante más edad que cuando nosotras nos hemos convertido en madres. Tienen más experiencia mundana, han recorrido más caminos y han concretado más intercambios en el terreno de los vínculos humanos. Por lo tanto es poco lo que podamos enseñarles. Sin embargo es indispensable que permanezcamos disponibles, abiertas, generosas, atentas, suaves, susurrantes y cariñosas. No importa si toman decisiones que no compartimos. Con seguridad serán las decisiones perfectas para ellas. Nadie mejor que nosotras sabe que durante el puerperio, cada palabra mal dicha, cada agresión indebida o cada preocupación redundante en la joven madre, perjudicará al niño. Por lo tanto sólo tenemos la obligación de estar silenciosamente presentes para aliviarles el trabajo doméstico, para decirles una y otra vez que estamos allí para cuidarlas y para ocuparnos del niño sólo si ellas necesitan que lo hagamos. Estamos para acompañarlas sin opinar, para protegerlas de sentencias sociales, para asegurarles que la leche fluirá en abundancia. Nuestra presencia será invisible pero sostenedora, protectora y defensora de cada mínimo detalle o necesidad de la madre reciente. Mantengamos nuestros oídos suaves para escuchar y brazos largos para abrazar. Usemos nuestro cuerpo caliente para cobijar y la experiencia de la madurez para asegurarles -en medio de una noche sin dormir- que eso, también va a pasar.

Laura Gutman
www.lauragutman.com.ar

error

Inspirate con Ser Azul, seguinos!