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La vida tal como la conocíamos se terminó. Por obligación o por elección, la pandemia impuso un nuevo ciclo.

Tenemos un desafío de dimensiones incalculables. Ahora es necesario que nos apoyemos mutuamente.

Dure lo que dure esta pandemia, ninguno de nosotros volverá a ser el mismo. Otra conciencia nos ha tomado. A algunos, por elección y a otros por obligación.

El cambio en la forma de vincularnos, de trabajar, de consumir, y el foco en el que ponemos nuestra energía había empezado para muchos hace tiempo. Ahora, algo se precipita y los tiempos se aceleran.
Ya no se puede elegir ser parte o no. Las circunstancias externas imponen este cambio y un reordenamiento de las prioridades que nunca deberían haber dejado de ser tales.
Muchos sabíamos que las viejas estructuras que aún intentaban sostener un mundo corrompido iban a caer, pero nadie pudo vaticinar la forma. Aún no salimos del shock y estamos muy lejos de poder prever el impacto real en todos los niveles de nuestra vida individual y en la sociedad que nos une.

La conversación se volvió única. Las especulaciones están a la orden del día, pero al igual que esta pandemia fue imprevisible, es imprevisible también como se sucederá el tiempo por venir.
Es más difícil aún, imaginar el mundo posible luego de todo este movimiento que recién empieza.

Las circunstancias externas imponen este cambio
y un reordenamiento de las prioridades
que nunca deberían haber dejado de ser tales.

Ahora, las frases con diseño bonitos tomaron cuerpo, y la sugerencia armoniosa de aprender a vivir con incertidumbre, nos explotó en la cara y se convirtió en una imposición.

Por elección o por obligación, comprendimos que de verdad “el batir de las alas de una mariposa puede provocar un huracán en otra parte del mundo”.

Por elección o por obligación comprobamos que lo que hacemos con nuestra vida individual afecta al todo.
Tomamos conciencia de que debemos ser solidarios, y que lo que no hacemos por nosotros mismos necesitamos hacerlo, al menos, por el otro.

Por elección o por obligación, dejamos de consumir cosas superfluas y elegimos priorizar lo que nos es necesario.
Empezamos a tener precauciones sobre nuestros hábitos y a tomar conciencia del aquí y del ahora. No hay mucho más allá que esto.

Por elección o por obligación nos concentramos en la prevención de una crisis mayor, respetamos las normas, aceptamos el límite.

Por elección o por obligación nos quedamos en nuestra casa, retomamos la lectura, nos hacemos tiempo para meditar, para prepararnos una comida y recuperamos el rito de comer. Limpiamos a fondo cada rincón.

Por elección o por obligación, aprovechar el tiempo que tenemos se resignifica.

Por elección o por obligación, el ruido del afuera se aplaca. El multiestímulo desciende. La ciudad se vacía.
Sólo sucede lo imprescindible.

El multiestímulo desciende. La ciudad se vacía. Sólo sucede lo imprescindible. Foto: Shutterstock.
El multiestímulo desciende. La ciudad se vacía. Sólo sucede lo imprescindible. Foto: Shutterstock.

Por elección o por obligación aceptamos que el control es una ilusión. Sabemos ahora que nuestra pequeña y limitada mente y que nuestra extenuada voluntad no son suficientes. Las certezas que alambraron el perímetro de nuestra zona de supuesto confort se desvancen. No es en ellas en donde podemos refugiarnos.

Por elección o por obligación estamos destinados a aprender que los excesos traen consecuencias.
Que todos somos parte de algo mayor.

Por elección o por obligación, ahora tenemos registro del otro.

Entonces, por elección o por obligación vamos a hacernos conscientes de nuestros privilegios de clase, porque no todos tendremos la posibilidad de pasar este tiempo de distanciamiento social en buenas condiciones.

Por elección o por obligación, vamos a hacernos las preguntas que importan y a sostener luego esas respuestas con acciones coherentes que empiecen a hacer la diferencia.

Cuando salgamos de la urgencia, vendrá el tiempo de la reconstrucción. Quizás podamos entonces, diseñar y plasmar una vida cotidiana individual y la colectiva bajo otros principios y valores.

Hay que esperar lo inesperado. En este tiempo de transición parece que, eso, a lo que nadie pudo anticiparse sólo nos conecta con la angustia, la carencia, la paranoia y el estrés.

Hoy parece que lo único que podemos ver son contagios exponenciales, dolor, límites y la desesperación de que nada es controlable, que estamos a merced de otras fuerzas inevitables e impredecibles.

Sin embargo, así como sucede lo inesperado y desafía el mundo tal como solíamos entenderlo, y así como parece que sólo el cambio es para peor, hay una conciencia y nueva forma gestándose.

Es imperativo cancelar los mensajes de alarma, rescatarnos y rescatar a otros de la neurosis colectiva, de la ansiedad y de la desesperación.

En este tiempo, es necesario sostenernos en red, con la certeza de que todos somos responsables por nosotros mismos y por el otro, que cualquier acción que realicemos repercutirá a niveles exponenciales en todos aquellos con quienes estemos conectados y más allá, también.

Cuidemos las acciones, pero cuidemos aún más lo que pensamos, lo que decimos y lo que emana a través de nosotros.

Tenemos un desafío de dimensiones incalculables. Ahora es necesario que nos apoyemos mutuamente, que ofrezcamos lo mejor que tenemos desde cualquier forma de conexión. Es imperativo cancelar los mensajes de alarma, rescatarnos y rescatar a otros de la neurosis colectiva, de la ansiedad y de la desesperación. También eso es tener conciencia de red y hacer la diferencia.

Luego vendrá el tiempo de reconstrucción, la creación de nuevas reglas y el diseño de una estructura diferente, que nos contenga de verdad. Si llevamos adelante este proceso con responsabilidad, estaremos enteros para poner nuevos cimientos, que nos permitan desplegar lo que está humanidad es en potencia.

La vida tal como la conocíamos se terminó, y el proceso recién empieza. De todos y de cada uno, depende cómo viviremos esta transformación.

Por Natalia Carcavallo
www.wetoker.com

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Coronavirus: la transformación está sucediendo