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Las lealtades invisibles y la imposibilidad de vivir nuestro propio destino.

  • 8 julio, 2019

Por respeto y por amor a nuestros antepasados, repetimos sus historias y nos cargamos con ellas. ¿Cómo se hace para salir de ese engranaje?
Por Natalia Carcavallo

Las lealtades invisibles son aquellas que tenemos hacia nuestros ancestros, con nuestra familia y con nuestro linaje. Por amor repetimos sus historias, cargamos con sus destinos y no terminamos de tomar nuestra vida en plenitud ¿Podemos modificarlo? Sí. Para muchos de nosotros esa posibilidad está disponible.

¿Por qué no puedo encontrar un amor disponible?
No logro tener un trabajo que me haga feliz, no puedo progresar.
Siento que estoy repitiendo la historia de mis padres.
 ¿Por qué esta familia siempre está condenada a tener deudas?
¿Cómo logro salir de este estado?
Me pasan cosas buenas, pero no las puedo disfrutar. Hace años que trato este tema en terapia, sé de qué se trata, pero no puedo modificarlo. Ya no sé más qué hacer.
Estoy cansado de vivir siempre la misma historia.

Lealtades invisibles

Para muchas de estas preguntas y situaciones, existe la misma respuesta.
Todos nosotros, somos parte de una familia, de un linaje, de una herencia y de un alma familiar.
Con nuestros ancestros, con todos aquellos que llegaron antes que nosotros, muchas veces tenemos una lealtad invisible y esto nos hace repetir historias, vivir pérdidas, padecer abusos de varios tipos, sufrir carencias y desamor.

“Las lealtades invisibles son una especie de hilos, que en el plano del alma, nos encuentran con nuestros ancestros y que nos llevan a cargar con experiencias que no nos corresponden, a padecer dolores que no son nuestros, o a repetir historias que quizás no hablan de lo propio, aunque así lo vivamos. Las lealtades invisibles nos atraviesan y nos condicionan, sin saberlo aún, y aunque las neguemos o las desconozcamos, igual actúan en nuestras vidas.

Por esta razón, sucede en muchas ocasiones que a pesar del compromiso y la constancia que tenemos en resolver un conflicto, un bloqueo, un síntoma o un patrón de repetición no llegamos a su origen, ni tampoco a una solución.
En muchos casos ese origen probablemente se encuentra en experiencias previas incluso a nuestro nacimiento”, explica la licenciada Sara Gloria Levita una de las mas reconocidas consteladoras familiares de la Argentina.

Las lealtades invisibles son hilos que nos unen a nuestros ancestros. Foto: Shutterstock.
Las lealtades invisibles son hilos que nos unen a nuestros ancestros. Foto: Shutterstock.

El amor ciego

En ocasiones, estas lealtades invisibles hacen que sacrifiquemos muchas esferas de nuestra vida.
”Este sacrificio no nos sirve a nosotros ni repara las historias de nuestra familia.
“Desde un plano que va más allá de la razón, repetimos, nos identificamos, cargamos o pagamos en lugar de aquellos que fueron excluidos, que padecieron, que no pudieron alcanzar algo”, afirma la licenciada que da un ejemplo: “Una situación muy habitual, por ejemplo, es la de una madre que no ha podido ser feliz en su vida.

Su hija la mira en el alma y le dice ‘yo como vos no fuiste feliz, entonces, yo tampoco’.
Esta lealtad invisible que se llama “amor ciego” no le sirve a ninguna de las dos”.

Lo llevo en tu lugar

Así como repetir la misma historia es un intento fallido de solución, sucede lo mismo con otra forma de lealtad invisible. ”Muchos de nosotros, sin saberlo, nos implicamos en el destino de un ancestro.
En toda familia hubo personas que fueron excluidas por haber generado un daño importante, por padecer alguna adicción, por haber robado o haber actuado de cualquier forma vergonzosa.
A estos ancestros entonces, se los deja afuera, se los aparta, se las retira del corazón.
Son aquellas personas que protagonizan secretos e historias de las que jamás se habla.
Sin embargo, como todos tenemos derecho a pertenecer, aquello necesita ser visto y ser incluido. 

Es entonces, llega un descendiente y en el alma le dice: ‘lo llevo en tu lugar’.
De esta forma ofrenda su vida a reparar o compensar esto y repite un destino difícil, siendo como aquel o pagando en lugar de quien fue excluido”, explica Sara Levita que es autora de dos libros Constelaciones Familiares para ordenar, comprender y sanar tu propia historia Sanar en el alma, curar en el cuerpo.

“Llevamos sus destinos por amor, pero esos sacrificios no le sirven a nadie”

Llevar algo en lugar de otro se da, por ejemplo, cuando un hijo que se queda al servicio de sostener la relación de los padres, sacrificando su propia realización afectiva. Otra experiencia repetida en nuestras familias es aquella en la que los nietos cargan los destinos de carencia del abuelo que perdió todo en las guerras.
Ese abuelo o bisabuelo, del que muchas veces ni siquiera conocemos su historia, no pudo ser honrado ni incluido.
Por ello, sin saberlo, un descendiente se implica y reedita su memoria, un destino de carencia.
Todo eso se hace en lo profundo del alma, lo sepamos o no, y lo hacemos por amor, por amor al vínculo.

“Lo que resuelve esta situación y nos libera, para poder tomar nuestra vida en plenitud, es devolverles su lugar, incluirlos en el sistema y en el alma familiar. Lo que sana es el agradecimiento y la honra a nuestros ancestros y a sus destinos, por más difíciles que estos hayan sido. Muchas veces no tenemos relación con esa familia, pero eso no inhabilita que podamos ordenar el amor en el plano del alma”, afirma la licenciada.

“Cuando hay orden en el alma, el amor fluye en la vida”, Bert Hellinger.

Todos somos parte de un sistema familiar, desde el mismo día que llegamos a la vida. Venimos de una madre y de un padre y de sus linajes, independientemente de la relación que tengamos con ellos y más allá del conocimiento que tengamos de su existencia.
De la misma manera en la que sucede en el plano físico, también acontece en el alma. Somos resultado de una herencia que nos habita, es lo que se llama “herencia invisible”.

Así como formamos parte de sistemas familiares, también somos parte del alma familiar a la cual pertenecemos. Por eso estamos relacionados también por lazos que nos encuentran con quienes llegaron antes: nuestros padres, abuelos, bisabuelos y más allá, junto a sus destinos, experiencias, traumas, dolores, exclusiones.

Cuando los Órdenes del Amor no se respetan, a través de las generaciones siguientes, los descendientes se ofrecerán al servicio del alma familiar con el propósito de devolver y respetar los Órdenes necesarios. Todo esto ocurre en un plano, que va más allá de nuestra intención, nuestra conciencia o nuestra voluntad. Sucede en el plano del alma y a esto llamamos lealtades invisibles.

Lo esencial es invisible a los ojos

“En cada Constelación salen a la luz aquellas lealtades, que nos encuentra con la memoria transgeneracional y que aún es necesario ordenar. Ellas muestran movimientos que posibilitan la solución de aquello que no se ha dicho, de lo que se ha padecido, lo que se ha perdido o se ha truncado.

Cuando los Órdenes del Amor se respetan, los movimientos de reconexión o reconciliación se logran y de esta forma se devuelve a cada uno en el alma familiar lo que le corresponde.
A través de una constelación y de reordenar es posible restituir la dignidad de aquellos y la propia.

Asentir a los destinos tal como fueron y al propio. Decir “sí” a todo tal como es.
De esta manera quedamos disponibles para el propio camino, tomando de todos ellos el amor y la fuerza para decirle “sí” a la vida que siempre espera por nosotros.

El acto de honra y agradecimiento que podemos hacerles a nuestros ancestros, y a la Fuerza de la Vida que los tomó a cada uno y pasó para que nosotros lleguemos a ella, no es sacrificándonos o repitiendo sus historias, sino tomando nuestra vida en plenitud.
Cada constelación así lo recuerda en las imágenes sanadoras que son reveladas, bendiciendo cada vez que somos capaces de ofrecernos al servicio de la Vida misma”, concluye Sara.

“Y honrando sus difíciles destinos, tomo mi vida en Plenitud” Que así sea.

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