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¿Por qué decimos “sí” cuando queremos decir “no”?

Cada vez que decimos sí a algo, decimos que no a otras cosas.
¿Estamos tomando las decisiones correctas?
por Natalia Carcavallo


No. No estoy citando un posteo bonito que leí en instagram. Tampoco es un juego de palabras divertido, aunque así parezca. Estas dos preguntas que parece muy simple de responder va encontrando su camino entre nuestras grietas internas y muchas veces accede a las profundidades más insospechadas de nosotros mismos sin que seamos capaces de advertirlo.

Cuando empezamos a preguntarnos a qué le decimos que no cuando decimos que sí, las primeras respuestas afloran de forma simple y producen un primer ordenamiento. Nos ayuda a una toma de conciencia inicial para que podamos empezar a identificar, por ejemplo, qué estamos haciendo con nuestro tiempo, con nuestra atención y con la energía vital.

Para los que siempre estamos disponibles, para quienes que nos resulta natural ocupar el lugar del dador, para los que nos cuesta los límites y creemos que nada de lo que ofrecemos es suficiente, la pregunta empieza a colaborar con la práctica del límite. Decir sí, es más fácil y nos ahorra la incomodidad. Sin embargo, en algún momento empezamos a sentir que pagamos muy caro esos excesos.

¿A qué le decimos sí cuando decimos que no? Cuando nos hacemos esta pregunta varias veces, quizás nos demos cuenta de que, en ocasiones, decir que no, es decirles que sí a nuestros propios límites, al miedo, a los mandatos, a la comodidad incómoda.

También funciona para cualquier tipo de vínculos: los de pareja, con los hijos, las amistades. Podemos repetir las preguntas diciendo “¿A quién le decimos no cuando decimos que sí?”. La situación más fácil de ejemplificar y la que convoca a muchos de nosotros es el trabajo. Cada vez que le decimos sí a otro pedido exceso de un jefe, a un cliente extralimitado, a una supuesta urgencia, estamos negando nuestro descanso, el tiempo compartido con la familia, un encuentro con quienes le dan sentido a nuestra vida y muchas veces a nosotros mismos.

Hace unas semanas compartí una experiencia muy personal al respecto donde hablé sobre una experiencia en la que me sentí traicionada y decepcionada. Finalmente encontré algunas respuestas.

¿Por qué decimos que sí cuando queremos decir que no?

Me animo a sumar una propuesta más a estos pares de preguntas. ¿Por qué decimos sí cuando queremos decir que no? ¿Por qué decimos no cuando sentimos un sí muy fuerte en nuestro interior?

Atreverse a estas preguntas puede generarnos un insight, una certeza inesperada que nos ayuda a ocupar un mejor lugar frente a las circunstancias, a las personas y especialmente frente a nosotros mismos. Tal vez no sea posible hacer cambios inmediatos a pesar de obtener las respuestas. Sin embargo, la toma de conciencia de esas razones más profundas seguro se irán fortaleciéndose en nuestro interior para que podamos conocer más a fondo a que se deben esas limitaciones, las trabas, los miedos, y nuestros lugares de desequilibrio..

Está visto que no hay respuestas correctas. No hay “deberías” y menos aún recetas. Cada persona es un universo y evoluciona a su tiempo. El sí fácil puede ser tan molesto como el no a flor de piel.

Decir sí, aceptar y asentir

Tiempo atrás en este mismo espacio, escribía algunos párrafos sobre Asentir como práctica espiritual. Retomábamos allí algunas de las enseñanzas más importantes de Eckart Tolle.


“Cuando uno deja de resistirse a lo que es tal como es y se rinde, sucede el milagro. Las situaciones y las personas se vuelven más armoniosas y aparece un sentimiento de paz. Cuando abandonas la resistencia interna, a menudo descubres que las circunstancias cambian para mejor. Asentir es incluso más profundo que aceptar. Se asiente con el corazón, se les hace lugar a todo y a todos tal como fueron y tal como son. Y eso modifica el pasado, el presente y seguro lo que vendrá porque nos permite ver con ojos más grandes”. 

Eckart Tolle


Aceptar, decir sí y asentir transforman nuestra vida. Cuando lo podemos experimentar, se hace más fácil comprender a qué vamos a decir no, más allá de las especulaciones de la mente y sus infinitas razones.

En una de mis biografías públicas, de esas, en las que nos tenemos que definir brevemente dejé escrita esta frase: “Todo lo que no, me llevo a lo que sí”. Mi experiencia y algunas enseñanzas sobre espiritualidad formal lograron afirmar estas palabras como una guía para seguir caminando. “Lo que no” colabora con nuestra posible evolución.

Aprender a decir “no” es fundamental. La posibilidad de comprender que cuando la vida es la que nos dice “no” estamos siendo protegidos, también. Los caminos truncados, los fracasos, lo que no se da, también nos forman y reorientan nuestro camino hacia mejores posibilidades de nosotros mismos.

El “sí” y el “no”son funcionales a nuestro desarrollo a medida que aprendemos a usarlos con conciencia. La vida adquiere una nueva dinámica. De cierta manera podemos sentir que estamos organizados bajo nuevas reglas. Algo se re configura. Empezamos a sentir que tenemos nuevas herramientas para ir diseñando algo de nuestro propio camino. Luego quizás podamos dar un paso más y nos animemos a conectar con esos nudos internos que nos llevaron a decir que sí cuando deberíamos haber dicho que no y viceversa.

Los procesos de transformación no siempre necesitan que realicemos grandes hazañas, viajes iniciáticos, o que tengamos experiencias extraordinarias. Hoy, ahora, estemos como estemos y seamos quienes seamos podemos empezar una travesía hacia una comprensión más profunda, a través de lo cotidiano, de lo simple y de lo que está cerca.

Que así sea.

Natalia Carcavallo
wetoker.com/


Photo by geralt on Pixabay


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